El encuentro era a las 12, metro Los Héroes. Tu voz grave por el celular me dejaba entrever de qué se trataba todo. Te busqué en la estación, y al mirarte vi como la tristeza e incomprensión sellaban esos ojos cristalinos que escurrían. Caminamos, como dos extraños; hablamos largo rato y te confesé aquello que estaba guardado en mi baúl recóndito. Me miraste y dijiste "¿Puedo darte el último beso?". Y así sellamos en un dulce réquiem nuestra historia.
Ahora me doy cuenta que siempre supe que era homosexual.
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