
Desperté, no pude moverme.
mi mente fría ansiaba pensarte
y mis recuerdos buscaban el roce con los tuyos.
Desperté, no podía moverme.
mis oídos no escuchaban tu melodía al susurrar
y gritaban por el arrivo de tu respiración poética.
Desperté, y aún no lograba moverme.
mis ojos sólo veían la turbiedad de tu distancia
y escurrían como cascadas golpeando rocas a su paso.
Desperté, y mis piernas temblaban.
porque mi garganta reseca deseaba el aire de tus palabras
y mis labios perdían el dulce tabaco de los tuyos.
Desperté, con mis manos entumidas
que soñaban con el tacto de tu cara contra mi barba
y recordaban tus tobillos enlazados a los míos en ese mar de sábanas.
Desperté, y pude moverme en silencio.
y una sombra se abalanzó sobre mí
como la muerte busca a los que deben partir,
mientras un fuerte ruido me golpeó a sangre fría,
como la helada provoca en un invierno distante...
El reloj dejó de sonar
Eran las 05.00
Tú, ya te habías ido.
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